Te seguiré donde vayas

Empezando por la historia de Eliseo, las lecturas de hoy nos muestran el tema de la vocación, la misión que a cada uno le encomienda Dios.

En el Evangelio leemos tres situaciones diferentes y las respuestas que parecen paradójicas por parte de Jesús, que no deben tomarse al pie de la letra, sino como una manera expresiva de acentuar la radicalidad del seguimiento que él pide y la urgencia de la respuesta por parte de los llamados, porque hay mucho trabajo y no nos podemos entretener en cosas secundarias.

En el primer caso, se nos dice que no por ser buenos cristianos, o por seguir la vocación religiosa o ministerial, se nos prometen ventajas temporales. Jesús está siempre en camino, es peregrino, como Abrahán que salió de su tierra y peregrinó por tierras extrañas cumpliendo los planes de Dios, sin poseer como suyo ni un palmo de tierra. Jesús tiene menos que los pájaros y las zorras, que tienen su nido o su madriguera. Sus seguidores no pueden esperar privilegios ni que todo les salga bien en la vida. Si de verdad estamos dispuestos a “seguir a Jesús donde vaya”, avisados quedamos, pues él no tiene, y por tanto no nos puede ofrecer, ni “donde reclinar la cabeza”.

Con la segunda respuesta, Jesús no desautoriza ciertamente la buena obra de enterrar a los muertos. Lo que nos dice es que no podemos dar largas a nuestro seguimiento y a nuestro trabajo por el Reino. El trabajo apremia. Hemos de seguir el ejemplo de los primeros apóstoles que, “dejándolo todo, le siguieron”.

Lo mismo nos enseña con lo de “no despedirse de la familia”. No está suprimiendo el cuarto mandamiento. Es cuestión de prioridades. Es anteponer a Dios por encima de todo, incluso renunciando a los lazos de la familia si lo pide la misión evangelizadora, como hacen tantos cristianos cuando se sienten llamados a la vocación religiosa o ministerial, y tantos misioneros, también laicos, que deciden trabajar por Cristo dejando todo lo demás.

No hay que dejar las cosas de Dios para después, porque no sabemos si tendremos un después, así que sólo tenemos hoy para seguir a Jesús.

Solo tenemos hoy para dar amor, para perdonar, para pedir perdón, para comulgar, para orar, para meditar la Palabra, para ayudar, para visitar al Santísimo, para enmendar un error, reparar una injusticia…No hay tiempo que desperdiciar, urge pasar del ahora al hoy y del hoy al ya.

Celebramos nuestra fe

30.06.2019                Nº 0040

13º del T. ORDINARIO C

Canto de entrada

Sois la semilla que ha de crecer,
sois estrella que ha de brillar,
sois levadura sois grano de sal, antorcha que debe alumbrar.
Sois la mañana que vuelve a nacer,
sois espiga que empieza a granar,
sois aguijón y caricia a la vez
testigos que voy a enviar.

Id amigos por el mundo,
anunciando el amor,
mensajeros de la vida,
de la paz y el perdón.
Sed amigos, los testigos
de mi resurrección,
id llevando mi presencia,
con vosotros estoy. 

Sois una llama que ha de encender resplandores de fe y caridad
Sois los pastores que han de guiar
al mundo por sendas de paz.
Sois los amigos que quise escoger, sois palabra que intento gritar.
Sois reino nuevo que empieza
a engendrar justicia, amor y verdad.

Es interesante ver con qué detalles simbólicos se cuenta la vocación de Eliseo: el manto de Elías que le cubre, el permiso para despedirse de sus padres, el gesto de sacrificar su yunta de bueyes con los que trabajaba y la comida de despedida que ofreció a su gente, para definitivamente seguir a Elías. Desde ahora Eliseo luchará por hacer oír al pueblo la voz de Dios y recordarle su alianza, contra las tendencias paganizantes de su época. Seguir de verdad a Dios cambia nuestras vidas con la ayuda divina.

1º Reyes 19, 16b. 19–21

 En aquellos días, el Señor dijo a Elías en el monte Horeb: «Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá». Partió Elías de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, quien se hallaba arando. Frente a él tenía doce yuntas; él estaba con la duodécima. Pasó Elías a su lado y le echó su manto encima. Entonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías, diciendo: «Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré». Elías le respondió: «Anda y vuélvete, pues ¿qué te he hecho?». Eliseo volvió atrás, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó al pueblo para que comiera. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios

Salmo Responsorial(Sal 15)

ERES, SEÑOR, EL LOTE
DE MI HEREDAD

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en su mano.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada:
porque no me abandonarás en la región
de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
Me saciarás de gozo en tu presencia,
De alegría perpetua a tu derecha.

Para Pablo, volver a la ley de Moisés como obligatoria para los que se convierten a Cristo, es deformar el evangelio que hemos recibido, es volver a la esclavitud y perder la libertad que habíamos conseguido. Una libertad que no es libertinaje, sino que está basada en la exigencia del amor: “sed esclavos unos de otros por amor”. Otra libertad que hemos de cuidar es la de las obras según el Espíritu, que es muy diferente de las obras según “los deseos de la carne”.

Gálatas 4,31b‑5; 1. 13–18

Hermanos: Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud.Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien, no utilicéis la libertad como estímulo para la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero, cuidado, pues mordiéndoos y devorándoos unos a otros acabaréis por destruiros mutuamente. Frente a ello, yo os digo: caminad según el Espíritu y no realizaréis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; efectivamente, hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. Pero si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Palabra de Dios

 Jesús tiene que calmar la ira de Santiago y Juan, porque no les reciben en Samaría. También nos muestra cómo ha de ser nuestro seguimiento tiene que ser radical y decidido. Jesús nos avisa que nuestro camino, igual que el suyo, va a ser también de “subida a Jerusalén”. Con un destino final de vida, pero que incluye decisiones que a veces comportan la cruz.

Aleluya 1 S 3,9; Jn 6,68c. Habla, Señor, que tu siervo escucha; tú tienes palabras de vida eterna.

Evangelio de S. Lucas 9,51–62

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él. Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?». Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». A otro le dijo: «Sígueme». Él respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

Palabra del Señor

Durante los dones

Tú has venido a la orilla,
no has buscado ni a sabios ni a ricos.
Tan sólo quieres que yo te siga.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca:
junto a Ti buscaré otro mar.

Tú sabes bien lo que tengo,
en mi barca no hay oro ni espadas,
tan sólo redes y mi trabajo.
Tú necesitas mis manos,
mi cansancio que a otros descanse,
amor que quiera seguir amando.

Tú, pescador de otros lagos,
ansia eterna de almas que esperan.
Amigo bueno que así me llamas.

Tras la Consagración

SÁLVANOS, SALVADOR DEL MUNDO, QUE NOS HAS
REDIMIDO POR TU CRUZ
Y RESURRECCIÓN

Durante la comunión

Tú, Señor, me llamas.
Tú, Señor, me dices:
Ven y sígueme, ven y sígueme.
Señor, contigo iré.
Señor contigo iré.

Dejaré en la orilla mis redes,
cogeré el arado contigo, Señor;
guardaré mi puesto en tu senda,
sembraré tu palabra en mi pueblo,
y brotará y crecerá.
Señor, contigo iré.
Señor contigo iré.

Dejaré mi hacienda y mis bienes,
donaré a mis hermanos mi tiempo y mi afán.
Por mis obras sabrán que Tú vives;
con mi esfuerzo abriré nuevas sendas de unidad y fraternidad.
Señor, contigo iré.
Señor contigo iré.

Tú, Señor, me llamas.
Tú, Señor, me dices:
Ven y sígueme,
ven y sígueme.
Señor, contigo iré.
Señor contigo iré.

Final

Bajo tu amparo nos acogemos,

Santa Madre de Dios,
No desoigas la oración
de tus hijos necesitados.

Líbranos de todo peligro,
oh siempre Virgen
gloriosa y bendita.